19 de abril de 2009

Nuestro Sevilla: CAPRICHOSO DESTINO

CAPRICHOSO DESTINO

Cuando parecía que el guión estaba escrito se suceden circunstancias inesperadas que hacen peligrar el camino de rosas que se presumía hace unas semanas hasta finalizar la temporada. Inmersos ya en la recta final del campeonato el Sevilla ocupa una cómoda tercera plaza y con amplia ventaja sobre sus perseguidores pero claro, después de una brillante trayectoria en liga hay que rematar la faena, y cuánto antes mejor. Cierto es que el calendario en las próximas jornadas no es muy propicio pero no menos cierto es que son estos partidos los que te dan prestigio y confianza, ganándose uno el respeto y admiración de los rivales.

Tras el tropiezo frente al Getafe, achacable a la falta de puntería y algo de mala suerte en determinados lances del encuentro, se presentaba el Sevilla en Mestalla para dar comienzo así a su denominada “liga particular” en el bloque de partidos ante los “grandes”. No se le había dado mal el estadio valencianista en las últimas temporadas por lo que los augurios soplaban a su favor. Se presentaba una oportunidad de oro para dar un golpe de autoridad y distanciar definitivamente al equipo levantino, que venía de encadenar tres victorias consecutivas.

El conjunto sevillista presentó sus credenciales desde el primer minuto de juego, controlando la posesión del balón y metiendo a su rival en su área. La recompensa no tardó en llegar al abrir el marcador Escudé tras rematar magistralmente de cabeza un corner botado por Renato. Tras este inicio trepidante el conjunto rojiblanco le cedió el dominio territorial al Valencia pero que no se tradujo en claras ocasiones de gol. El que sí las tuvo fue el Sevilla pero ni Kanouté primero ni Perotti más tarde fueron capaces de ampliar la ventaja. Al filo del descanso llegó la jugada clave del partido cuando Adriano derribó a Villa en una acción carente de peligro, pero que le sirvió para que el colegiado le mostrase la tarjeta roja dejando a su equipo en inferioridad numérica. A renglón seguido se produjo el gol del empate tras transformar el delantero asturiano un absurdo penalti cometido por Escudé. El panorama no pintaba bien para el equipo de Jiménez de cara a la reanudación. En cambio el cuadro hispalense contuvo bien las llegadas locales y no se notó en demasía el jugar con un hombre menos. Cuando el encuentro llegaba a los minutos finales se consumó la derrota sevillista, al provocar Fernando Navarro un penalti incomprensible despejando con la mano dentro del área un balón aéreo. El encargado de ejecutar la pena esta vez fue Mata. Ya en el descuento un gol de Oscar Hernández certificaba la victoria del cuadro de Unai Emery.

De todo lo ocurrido extraigo la conclusión de que en ocasiones no basta un planteamiento valiente para ganar los partidos ni tampoco el hecho de demostrar sobre el césped la superioridad, a día de hoy, de un equipo sobre el otro. Hay otras cosas, detalles que desnivelan un encuentro, actitudes que te dan o te quitan los tres puntos….”el otro fútbol”. (En ocasiones me cuestiono si a este buen equipo de fútbol no le falta un líder…..)

ÁNIMO, que ya falta poco, y el destino sigue estando en nuestras manos, en las de NUESTRO SEVILLA.

Manolo Rey

Les rogaría que los comentarios se inserten directamente en esta web para que podamos intercambiar impresiones sobre el estado actual de NUESTRO SEVILLA. Gracias.

2 comentarios:

Adso dijo...

Lo que pasa es que el entrenador sigue equivocandose en sus planteamientos y su obsesion porque jueguen Duscher y Romaric a toda costa, merma el ataque sevillista por las bandas, las cuales eran la bandera del ataque de este equipo que poco a poco con la mano de este entrenador se esta convirtiendo en el mediocre equipo que fue cuando el jugaba por su banda.

Franyo dijo...

En mi opinión Jiménez no es el único culpable de la derrota de ayer, los jugares tuvieron mucha culpa:

Adriano no puede hacer la falta que hizo con una tarjeta amarilla.

Escude no puede hacer esa falta en el área.

Navarro no puede tocar el balón en el área levantando la mano hacia el cielo.

Sin estos errores lo más seguro que al menos hubiéramos sacado un empate.

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